Sanan los animales, sanamos todos

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Los virus, las bacterias y otros microorganismos han desempeñado un papel vital en la historia del planeta durante 3,800 millones de años. En su mayoría, son inofensivos y, en muchos casos, esenciales para la salud de los ecosistemas y la humana. No obstante, estos microorganismos pueden ocasionar enfermedades infecciosas que son causantes de numerosas muertes humanas a nivel global.

Existen distintas zoonosis, es decir, enfermedades que se transmiten de animales a humanos —la OMS ha registrado más de 200 clases— y su estudio constituye una de las áreas de mayor interés de la medicina humana y veterinaria. Actualmente, surgen de tres a cuatro nuevas enfermedades infecciosas emergentes (EIE) al año y se estima que 75% de las EIE son zoonóticas.

La rabia, la leptospirósis, el ántrax, el SARS, el MERS, la fiebre amarilla, el dengue, el sida, el ébola, el chikunguña, la influenza común y los coronavirus, son ejemplos de enfermedades zoonóticas. La peste bubónica —que produjo la muerte de casi un tercio de la población de Europa en la Edad Media—, también fue zoonótica, causada por la bacteria Yersina pestis, que fue transmitida al ser humano a través pulgas transportadas por ratas.

A medida que las poblaciones humanas expanden su presencia y disminuyen los territorios naturales, el contacto con la vida silvestre aumenta y esto promueve el surgimiento de enfermedades transmitidas de animales a humanos. Tan solo entre 1990 y 2020, el planeta ha perdido 178 millones de hectáreas de bosque.

Los murciélagos, pangolines, civetas, mapaches, roedores, primates, musarañas y ungulados, son los principales huéspedes identificados de las enfermedades zoonóticas en la vida silvestre, mientras que las especies domésticas como gatos, vacas, gallinas, cabras, ovejas y palomas, son los principales huéspedes intermedios.

Lo anterior no dictamina que los animales sean enemigos de la salud humana; por el contrario, su presencia es fundamental para las personas. Los murciélagos, por ejemplo, poseen características que los hacen particularmente comunes para ser huéspedes de virus que se convierten en EIE. Sin embargo, aportan importantes beneficios y su cuidado es vital para tener un planeta sano.

Estos pequeños mamíferos pueden comer hasta 2,000 insectos cada noche, son polinizadores y más de 300 especies de frutas dependen de ellos para la polinización. Son distribuidores natos, ayudan a esparcir semillas de nueces, higos, pimienta de jamaica y cacao. Alrededor de 80 medicinas provienen de plantas que dependen de los murciélagos para su supervivencia.

Si bien, los patógenos zoonóticos más peligrosos son aquellos que se transmiten de persona a persona, muchos patógenos de animales no pueden infectar a las personas, y algunos solo pueden hacerlo a través de un huésped. Un ejemplo es la malaria, cuyos portadores son zancudos y es responsable por más de 400,000 muertes al año.

La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto que los humanos, los animales y el medio ambiente están estrechamente relacionados. No trasgredir o vulnerar la barrera natural que nos separa de los espacios naturales y de las especies silvestres, es nuestra oportunidad para reinventar un mundo nuevo y mejor. Respetemos nuestro entorno y todas las especies que comparten con nosotros la Tierra.

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